Celebrar el Día de Muertos de forma consciente y sin tanta basura

El Día de Muertos es una de las celebraciones más sagradas que tenemos. Y podemos vivirla de una forma que honre tanto a nuestros muertos como a la tierra que habitamos, sin tanta basura y con mucho más corazón.

Cada año, cuando se acerca el Día de Muertos, algo en mí se detiene. Hay algo en esta celebración que me parece profundamente humano, profundamente mexicano, y profundamente sagrado. Recordar a quienes ya no están con nosotros físicamente, honrar su memoria con flores, comida, fotografías y aromas, es un acto de amor que va más allá de cualquier tendencia o moda.

Y al mismo tiempo, he visto con los años cómo esta festividad tan hermosa se ha ido mezclando con una avalancha de plásticos, decoraciones desechables y calaveritas de unicel que duran un día y luego llenan el basurero. Esto me ha hecho pensar mucho. ¿Cómo podemos honrar a nuestros muertos de una forma que también honre la vida, la tierra, y todo lo que ellos nos enseñaron?

El altar como acto de presencia

Lo que más amo del Día de Muertos es que nos invita a detenernos. En un mundo que corre a velocidades que muchas veces no elegimos, este día nos pide que nos sentemos, que recordemos, que sintamos. El altar no es una decoración: es un portal de memoria y amor.

Algo que he aprendido con los años es que los elementos más poderosos de un altar son los más simples y los más personales. Una fotografía, un objeto querido de quien ya partió, su platillo favorito, una vela. Estos detalles son los que realmente hacen que la presencia de esa persona se sienta en el cuarto. Ningún adorno de plástico puede reemplazar eso.

Cuando construimos el altar desde ese lugar, la reducción de basura ocurre casi de manera natural, porque nos concentramos en lo que importa y no en lo que llena el espacio.

Flores, cempasúchil y otras alternativas vivas

El cempasúchil es, para mí, uno de los regalos más grandes de esta celebración. Su color, su aroma y su significado son irremplazables. Y la buena noticia es que es completamente biodegradable. Lo mismo ocurre con el terciopelo morado, la nube blanca y muchas otras flores que se usan en esta época.

Te invito a apostar por flores naturales y de temporada en lugar de flores artificiales de plástico. Las flores vivas tienen una presencia que ningún sintético puede imitar, y cuando termina la festividad, pueden compostar o regresar a la tierra sin dejar rastro dañino.

Si puedes, busca flores de productores locales. Además de apoyar a quienes cultivan con amor, reduces la huella del transporte y conectas tu celebración con tu tierra y tu comunidad.

Decoraciones que no son desechables

Siento que muchas veces compramos decoraciones sin pensar que las usaremos una sola vez. Y eso, multiplicado por millones de familias, se convierte en una cantidad de basura que duele imaginar.

Hay formas hermosas de decorar que no generan ese impacto. El papel picado artesanal, hecho de papel de china o de papel reciclado, es una tradición que bien cuidado puede durar varios años. Las calaveras de barro, madera o talavera son piezas que envejecen con gracia y que pueden guardarse y usarse generación tras generación. Una caja de madera o una charola de barro pueden convertirse en la base de tu altar año con año.

También podemos involucrar a los niños en crear decoraciones con materiales que ya tenemos en casa: papeles de colores, semillas, flores secas. Eso convierte la preparación del altar en un acto de educación y de memoria compartida, mucho más valioso que cualquier decoración comprada.

La ofrenda de comida: de la tierra a la mesa

La comida que se pone en el altar tiene una magia especial. Generalmente son los platillos favoritos de quien recordamos, y cocinarlos con nuestras propias manos es un acto de amor profundo.

Desde la perspectiva de una cocina más consciente, la ofrenda de comida hecha en casa, con ingredientes frescos y locales, es ya en sí misma una forma de celebrar de manera más sostenible. Evitar los envases desechables, usar platos de la vajilla familiar y presentar los alimentos en recipientes de barro o cerámica le da a la ofrenda una dignidad que los contenedores de plástico no pueden ofrecer.

Y si queremos ir un paso más allá, podemos pensar en cómo se dispone de esa comida después de la celebración. Compartir la ofrenda con la familia, integrarla a las comidas de los días siguientes o compostar lo que ya no sirva, son gestos pequeños que suman.

Cada familia, su propio camino

No existe una forma única de celebrar el Día de Muertos de forma consciente, porque somos seres bioindividuales y nuestras tradiciones también lo son. Lo que funciona en una familia puede no funcionar en otra. Lo que está disponible en una región no lo está en otra. Lo que tiene sentido para unos rituales no lo tiene para todos.

Lo que sí creo firmemente es que cuando nos hacemos la pregunta "¿cómo puedo honrar este día de una manera más congruente con mis valores?", ya estamos en el camino correcto. Ir a la causa y no al síntoma significa preguntarnos no solo qué celebramos, sino cómo y con qué lo celebramos.

Nutrir y cuidar nuestra tierra es también honrar el alma que la habita, la de quienes ya partieron y la nuestra propia.

Una celebración que también enseña

Una de las cosas más bonitas que podemos hacer en esta fecha es convertirla en un momento de enseñanza viva para nuestros hijos y nietos. No desde el sermón ni la regla, sino desde el ejemplo. Predicar con el ejemplo, no con la palabra.

Cuando ellos ven que construimos el altar con intención, que elegimos flores naturales, que cocinamos con amor y sin desperdicio, que contamos historias de quienes ya no están, aprenden algo que ningún libro puede enseñar: que honrar la vida y a quienes amamos no requiere llenar el mundo de plástico.

Si este tema te resuena y quieres explorar cómo vivir con más conciencia en todas las áreas de tu vida, desde la cocina hasta la crianza y la salud, me da mucho gusto acompañarte. Escríbeme y conversamos. Siempre es un honor caminar junto a familias que quieren vivir con más profundidad y sentido.

Con todo mi cariño,

Ximena